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TDAH

TDAH y trastorno bipolar a la vez: qué se trata primero

Cuando coexisten, el orden importa: primero se estabiliza el ánimo. Y hay una razón clínica concreta para hacerlo así.

Por Dra. Daniela Málaga··7 min de lectura

Te dijeron que tienes TDAH y llevas un tiempo en tratamiento. O te dijeron que tienes trastorno bipolar y encima te cuesta concentrarte desde siempre. En algún momento aparece la pregunta incómoda: si resulta que tengo los dos, ¿qué pasa con lo que ya estoy tomando?

Es una pregunta razonable y tiene respuesta. No es la misma que se hace quien todavía no sabe cuál de los dos tiene, que es otra conversación. Esta es para cuando ya hay al menos un diagnóstico sobre la mesa.

¿Cuán frecuente es tener TDAH y trastorno bipolar a la vez?

Bastante más de lo que sugiere la intuición. Alrededor del 17 % de los adultos con trastorno bipolar tiene además TDAH. Mirado al revés, que suele ser la dirección que interesa a quien llega con un diagnóstico de TDAH ya puesto: entre las personas con TDAH de dos registros nacionales, en Noruega y Suecia, el trastorno bipolar apareció en cerca del 9 % de los hombres y entre el 13,5 y el 18 % de las mujeres.

Conviene ponerlo en perspectiva: eso significa que la gran mayoría de las personas con TDAH no tiene trastorno bipolar. Y que cuando hay TDAH rara vez viene solo, aunque lo que acompañe suele ser otra cosa: alrededor del 70 % de los adultos con TDAH presenta además alguna otra condición de salud mental, más habitualmente ansiedad o un cuadro depresivo.

Cuando sí coexisten, el cuadro suele ser más complicado que el trastorno bipolar solo: empieza antes y se acompaña de más ansiedad y más consumo de sustancias. Eso viene de un estudio familiar en una muestra comunitaria de Estados Unidos.

Y un matiz honesto, porque aquí la certeza es menor de lo que parece: que se parezcan tanto no prueba que compartan la misma raíz. Ese mismo estudio familiar no encontró transmisión cruzada entre ambos, y sus autores contemplan que parte del solapamiento sea un artefacto de cómo diagnosticamos. Es un debate abierto.

Si tienes TDAH y trastorno bipolar, ¿qué se trata primero?

La recomendación de la guía canadiense e internacional es tratar primero los síntomas del ánimo, con estabilizadores del ánimo o antipsicóticos atípicos, y recién después considerar el tratamiento del TDAH. Si no estás seguro de si lo que tomas entra en esa categoría, pregúntaselo a tu médico o a tu farmacéutico: no lo deduzcas.

La razón no es de protocolo, es clínica: un trastorno bipolar sin estabilizar produce cambios de ánimo, impulsividad, hiperactividad y desatención. Es decir, se parece al TDAH. Mientras el ánimo hace ruido, no se puede saber cuánto de lo que se ve es TDAH y cuánto es el bipolar sin tratar.

De hecho, una vez estabilizado el ánimo, algunas personas podrían dejar de cumplir los criterios de TDAH. Conviene no leerlo al revés: en muchas otras el TDAH sigue ahí después de estabilizar, y entonces se trata. No es que un diagnóstico borre al otro, sino que hay que ver cuál queda cuando el ánimo deja de hacer ruido.

El dato del riesgo, con su letra pequeña

Hay un estudio que se cita mucho en esta conversación, y que asusta si se cuenta a medias. Según recogen el consenso europeo y una revisión posterior, en un registro sueco de 2.307 adultos que ya tenían diagnóstico de trastorno bipolar, recibir metilfenidato sin un estabilizador del ánimo se asoció a un riesgo de viraje maníaco 6,7 veces mayor, concentrado en los tres meses siguientes al inicio de la medicación. En quienes lo tomaban junto con un estabilizador, el riesgo no subió: bajó. Y algo que ese dato no dice y conviene tener claro: describe lo que pasó al empezar la medicación. Si llevas años con tu tratamiento sin que apareciera nada de esto, no es tu situación la que está midiendo.

Ahora la letra pequeña, que es la que cambia cómo se lee. Todos los participantes tenían el trastorno bipolar ya reconocido, así que lo que separó a los dos grupos no fue acertar el diagnóstico: fue llevar o no el estabilizador. Y la propia fuente lo sitúa: los primeros trabajos sobre el tema reportaban una asociación más fuerte, que estudios posteriores, este registro entre ellos, han matizado.

Por eso la conclusión del consenso europeo no es evitar el tratamiento, sino la contraria: recomienda tratar el TDAH con estimulantes en personas con trastorno bipolar, siempre que lleven además un estabilizador del ánimo.

Y conviene decir la otra mitad, porque un artículo que solo habla de riesgos deja una impresión falsa: el TDAH del adulto sí tiene tratamientos con evidencia. Una revisión de 113 ensayos con 14.887 adultos encontró que los estimulantes y la atomoxetina fueron las únicas intervenciones con evidencia de reducir los síntomas centrales a corto plazo. Los mismos autores advierten que esa mejoría no se extendió a otros desenlaces, como la calidad de vida, y que el efecto a largo plazo está poco estudiado.

Si estás tomando algo ahora mismo

Nada de lo anterior es una indicación para nadie, y menos un motivo para suspender algo. No inicies, cambies ni suspendas ningún tratamiento por tu cuenta, sea un estimulante, un antidepresivo o un estabilizador del ánimo: cortar de golpe puede provocar una recaída, síntomas de retirada o un rebote de lo que se estaba controlando.

Si algo no te está encajando, eso se conversa con tu médico, y se puede pedir cita antes del próximo control. Si lo que tienes son pensamientos de hacerte daño, varios días durmiendo muy poco sin cansancio o la sensación de perder contacto con la realidad, no esperes a esa cita: llama a la línea 113, opción 5, que es gratuita y atiende las 24 horas, o al 106 (SAMU) en una emergencia.

Por qué el trastorno bipolar tarda tanto en reconocerse

Esta parte explica por qué mucha gente llega a la conversación anterior con años de retraso.

Muchas personas con trastorno bipolar no reciben el diagnóstico correcto hasta diez años después del inicio de los síntomas, y en el camino suelen recibir entre uno y cuatro diagnósticos distintos. Esos diez años son un techo, no el promedio: en un metaanálisis, entre el inicio del trastorno y el momento en que se empieza a recibir tratamiento pasan cerca de seis años, con datos de estudios hechos mayormente en países de ingresos altos, sin datos peruanos.

¿Por qué tanto? Porque lo que se ve primero, durante años, es la depresión. En un estudio británico que comparó a 2.366 personas que después recibieron el diagnóstico de trastorno bipolar con más de cuarenta y siete mil controles, los registros de depresión aparecían mucho antes del diagnóstico.

Y hay una razón muy concreta por la que esa información no llega al consultorio. En una encuesta por internet a 457 adultos con trastorno bipolar autorreportado en Japón, el 34 % de quienes habían tenido síntomas maníacos antes del diagnóstico no se los contó al médico, y el motivo más frecuente fue no considerarlos una enfermedad. Tiene sentido: una temporada en la que uno rinde más, duerme menos y se siente bien no se vive como un síntoma. Se vive como una buena racha.

Por eso la guía pide preguntar de forma rutinaria por episodios maníacos o hipomaníacos previos a toda persona que consulta por depresión. Y por eso, si vas a consultar por un ánimo bajo, conviene que cuentes también las temporadas en que te sentiste acelerado, con menos necesidad de dormir o haciendo más de lo habitual, aunque en su momento te parecieran buenas.

Hay una razón de fondo para no dejarlo correr: el tiempo que un trastorno bipolar pasa sin tratar se asocia a más intentos de suicidio. Llegar al diagnóstico correcto no es un detalle administrativo. Y si ahora mismo tienes pensamientos de hacerte daño, no esperes a una cita: llama al 113, opción 5 o al 106.

Qué llevar a la consulta

Si vas a plantear esta conversación con tu médico, hay tres cosas que cambian la calidad de la respuesta que vas a recibir:

  • Una línea de tiempo escrita de tus períodos buenos y malos, con fechas aproximadas y qué pasaba en tu vida entonces.
  • Alguien que te conozca de hace años, porque los períodos de ánimo elevado los suele recordar mejor el entorno que uno mismo.
  • La lista de lo que has tomado y qué pasó con cada cosa: qué ayudó, qué no, y si alguna vez apareció una temporada de euforia o aceleración después de empezar un antidepresivo.

Ese último punto merece atención aparte. La guía internacional señala varios rasgos que aumentan la sospecha de trastorno bipolar en alguien con depresión: que los episodios hayan empezado antes de los 25 años, que sean breves y muy repetidos, que haya antecedente familiar, y que hayan aparecido irritabilidad o síntomas maníacos después de empezar un antidepresivo. Ninguno de esos rasgos decide nada por sí solo, pero juntos cambian la conversación.

Y si no puedes costear una consulta privada, esto no se evalúa solo ahí: el Ministerio de Salud cuenta con centros de salud mental comunitaria repartidos por el país, además de los servicios de salud mental de hospitales y postas.

Si tienes un diagnóstico y sospechas que hay algo más, o si te acaban de dar el segundo y no sabes qué pasa con lo que ya tomabas, una evaluación que ordene las dos cosas es el punto de partida. En mi consulta en Miraflores (Lima) y por videoconsulta evalúo el TDAH en adultos y el trastorno bipolar con un enfoque basado en evidencia. Atiendo en español e inglés y entrego comprobante para reembolso de seguro.

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Preguntas frecuentes

¿Se puede tener TDAH y trastorno bipolar a la vez?
Sí, y es más frecuente de lo que parece. Alrededor del 17 % de los adultos con trastorno bipolar tiene además TDAH. Mirado al revés, entre las personas con TDAH de dos registros nacionales, en Noruega y Suecia, el trastorno bipolar apareció en cerca del 9 % de los hombres y entre el 13,5 y el 18 % de las mujeres. No es una excepción rara, y es una de las razones por las que una evaluación tiene que mirar las dos posibilidades en vez de quedarse con la primera que encaja.

Si tengo los dos, ¿qué se trata primero?
La recomendación de la guía canadiense e internacional es tratar primero los síntomas del ánimo con estabilizadores del ánimo o antipsicóticos atípicos, y recién después considerar el tratamiento del TDAH. La razón es clínica: un trastorno bipolar sin estabilizar produce cambios de ánimo, impulsividad, hiperactividad y desatención, así que se parece al TDAH y no deja ver qué hay debajo. De hecho, algunas personas podrían dejar de cumplir los criterios de TDAH una vez estabilizado el ánimo. En muchas otras el TDAH sigue ahí, y entonces se trata.

Tomo un estimulante y me acaban de decir que también tengo bipolar. ¿Tengo que dejarlo?
Esa decisión es de tu médico, y conviene consultarlo pronto, pero no la tomes por tu cuenta. Lo que muestran los datos disponibles, en personas que ya tenían diagnóstico de trastorno bipolar, es que el metilfenidato usado sin un estabilizador del ánimo se asoció a más episodios maníacos, sobre todo en los primeros tres meses; en quienes lo tomaban junto con un estabilizador, el riesgo no subió. El consenso europeo recomienda tratar el TDAH con estimulantes en personas con trastorno bipolar, siempre que lleven además un estabilizador. Suspender de golpe puede provocar una recaída o síntomas de retirada, así que lo que corresponde es hablarlo, no cortarlo.

¿Por qué el trastorno bipolar tarda tantos años en reconocerse?
Porque lo que se ve primero, durante años, es la depresión. En un estudio británico que comparó a más de dos mil personas que después recibieron el diagnóstico con más de cuarenta y siete mil controles, los registros de depresión aparecían mucho antes. Y hay una razón práctica que lo explica: en una encuesta a adultos con trastorno bipolar en Japón, el 34 % de quienes habían tenido síntomas maníacos antes del diagnóstico no se los contó al médico, sobre todo por no considerarlos una enfermedad. Los períodos de euforia no suelen vivirse como un problema, así que no se cuentan.

Llevo años con mi diagnóstico y mi tratamiento funciona. ¿Esto me afecta?
No. Este artículo no es para revisar tratamientos que andan bien. Es para dos situaciones concretas: cuando aparece un segundo diagnóstico y hay que reordenar lo que ya se estaba tomando, y cuando algo del cuadro nunca terminó de encajar. Si tu tratamiento te funciona y tu diagnóstico te explica lo que te pasa, nada de lo que leíste aquí lo contradice.

Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza una evaluación médica individual. No inicies, cambies ni suspendas ningún tratamiento sin consultar a tu médico.

Referencias

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